Educación y socialismo

Artículo publicado en ABC el 28 de julio de 2017

Recientemente conocíamos que el Ministerio de Educación ha reprochado a cinco comunidades el hecho de que permitan a los alumnos con dos suspensos obtener el título de ESO sin necesidad de ir a la recuperación de septiembre. Al hilo de esta noticia, el director de este periódico, Álvaro Ybarra, se preguntaba en Twitter: ¿Será casual que las comunidades peor posicionadas en el informe PISA sean las que permiten obtener el título de ESO con suspensos? Pregunta a la que, con su permiso, agrego otra: ¿Será casual también que todas estas comunidades, salvo Canarias, estén gobernadas por el PSOE?

Analizando la posición del PSOE en materia de educación, y su querencia cada vez más acusada hacia esa “innovación pedagógica” de aprobar suspendiendo y de “democratizar” las becas y resultados académicos más allá de los méritos y el esfuerzo de los alumnos, me pregunto realmente si no estamos asistiendo a una verdadera disolución socio-psicológica de las ideologías, que elimina los viejos valores y contenidos programáticos, sustituyendo los conceptos políticos por meras etiquetas huecas y a veces hasta contradictorias con aquellos. Lo importante no es lo que es, sino lo que parece ser. Lo relevante no es lo que sea genuinamente de izquierdas, sino lo que la gente identifique como tal.

Es lo que me parece que sucede en la actual relación entre Socialismo y Educación. Porque desde siempre la Educación fue el gran campo de batalla de los partidos de izquierda, y uno de los argumentos más reconocibles de su ideario. Pero su apuesta por la educación pública, como gran instrumento para la igualación social, era precisamente una apuesta por el mérito individual, en oposición a los privilegios de origen o de clase. Frente a las posiciones políticas vinculadas a las clases dominantes, lo que la izquierda propugnaba era la igualdad de oportunidades basada en el esfuerzo y la valía: que sea la formación y no la posición social el elemento determinante de las posibilidades de desarrollo personal.

La suplantación de esta visión sobre la Educación por la que desvincula las becas y los aprobados del esfuerzo y el mérito sólo me resulta explicable a la luz de la aludida disolución socio-psicológica de las ideologías. Ya a finales del pasado siglo XX, diferentes autores advirtieron que la Opinión Pública estaba perdiendo el contenido político y crítico que tuvo en la concepción de los pensadores liberales, para acabar convirtiéndose en una manifestación meramente demoscópica, fruto de las encuestas y de lo que la gente opinaba en ellas. Algo de eso –estimo- está ocurriendo con la política y las ideologías en general: los programas de los partidos se vacían y el pensamiento político (tanto de izquierda como de derecha), antaño sustentado sobre valores y contenidos firmes y reconocibles, es sustituido por una mera colección de clichés o estereotipos que diferencian las distintas partes del tablero político.

A través de estos  clichés, todos, casi de forma instintiva, podemos reconocer si estamos ante una opción política de izquierdas o de derechas. Así, todo lo que es “verde”, “investigador”, “innovador”, “sostenible”, “gay”, “cultural” o “intelectual” se vincula a la izquierda, aunque no tendría por qué ser así. Tradicionalmente lejos de lo empresarial, la izquierda ha hecho sin embargo suyo el emprendimiento y todo ese mundo del “networking” o trabajo colaborativo. Y desde luego todo lo que nos “suena” a “universalización de derechos”, lo vinculamos también con la izquierda, más allá de que estemos pudiendo incluso llegar a confundir el concepto de “derecho” con el de “privilegio”, es decir, con su antónimo.

Yo creo que la política educativa del “aprobado para todos” es una verdadera subversión de las ideas originarias de la izquierda sobre educación. Una sustitución del pensamiento político por clichés socio-psicológicos mayoritariamente huecos pero que en este caso han generado una auténtica inversión del pensamiento original. Frente a la educación universal que propiciaba la igualación de oportunidades a través del mérito, la nueva universalización que se propugna ya no es la del acceso a la de la formación, sino la del acceso al título, anulando por tanto el sentido de la educación y favoreciendo la perpetuación del orden social basado en privilegios de origen.

Dicho de otra forma, las políticas de izquierda sobre educación están lejísimos de ser de izquierda. Y eso ocurre por la disolución socio-psicológica de sus contenidos programáticos en rutilantes clichés que no son sino una manifestación de lo que la gente percibe de forma instintiva e inconsciente. Da igual que existan contradicciones conceptuales, como en este caso. Lo que la gente aprecia que es de izquierda, es de izquierda. Y desde este prisma, sólo desde este prisma, las comunidades que están permitiendo a los alumnos con dos suspensos obtener el título de ESO están siendo muy socialistas.

 


Responsabilidad individual

Si hay un concepto que machaconamente se repite en el ámbito laboral ese es el del trabajo en equipo. Escuelas de negocio, suplementos especializados e incluso grandes instituciones mundiales han vaticinado que las habilidades sociales y de colaboración serán las más relevantes para el mundo profesional, muy por delante de las capacidades técnicas. Tanto predicamento han adquirido estas ideas que se ha construido toda una nueva filosofía laboral exaltadora de las llamadas “soft skills”, es decir, las habilidades blandas o sociales en detrimento de las “hard skills” relacionadas con el conocimiento.

Que yo sepa, a día de hoy, las “softs skills” no hacen ingenieros de caminos, ni neurólogos, ni notarios, ni economistas, ni cirujanos plásticos, pero el director para Europa de una gran multinacional tecnológica declaraba hace poco sin mayor empacho que el conocimiento es “cada vez menos importante”. Según parece desprenderse de las palabras de este experto, y de otros tantos gurús como él, saber de derecho, de medicina o de economía no será realmente importante en el futuro, porque lo relevante será que los nuevos profesionales sean creativos, empáticos, líderes, optimistas, con capacidad de escucha, motivados…, y sobre todo que sepan trabajar en equipo.

Pienso que las “soft skills” han venido a reemplazar a la “actitud” de toda la vida, y esa sustitución no es casual, ni gratuita, sino que responde en efecto a un nuevo ideario laboral que pone el énfasis en la responsabilidad colectiva por delante de la individual. La actitud ya no está en boca de nadie, y no lo está porque emana de la responsabilidad individual, y tengo para mí que estos ideólogos de las “soft skill” no sólo predican lo contrario, sino que habitualmente también practican lo contrario, porque ellos son los “artistas” de la delegación, me tienes para lo que necesites, pero hazlo tú y yo te acompaño a tomar un café, y te escucho y te apoyo y trabajo en equipo contigo mientras tú lo haces todo y sobre todo después de que lo hayas  hecho.

Creo que, antes de lanzarlas, deberíamos pensarnos muy bien disparatadas ideas como la de que “el conocimiento es cada vez menos importante”, que son veneno para la juventud y legitimadoras de una educación con paupérrimos niveles de exigencia, además de un retrato completamente falso de las capacidades que se exigen, a día de hoy, en el mercado laboral. Un mercado laboral, no nos olvidemos, copado mayoritariamente por pymes, que aglutinan el 98% del empleo, y que son demandantes dehard skills”, y sobre todo de profesionales “hards”, o sea, duros y no blanditos, profesionales que pidan ayuda sólo cuando de verdad la necesiten, dispuestos a la solidaridad y al trabajo en equipo pero de ese que nace de la asunción de las obligaciones individuales y no de la cara dura de los que van a la oficina como si fueran a los mundos de Yupi.

Yo comprendo que hay empresas, sobre todo grandes, donde a algunos directivos les interesa fomentar un ambiente donde todos reciben la misma recompensa, los que trabajan y los que no, o, peor aún, donde sólo prosperan los ejecutivos con “soft skills”. Y comprendo también que el mercado de formación de las habilidades sociales funciona de maravilla, porque entrenar las “soft skills” no requiere esfuerzo, no hay que estudiar ninguna legislación, no hay que hincar los codos, no hay que leer nada y casi es mejor no pensar nada, sólo hay hacer tallercitos y convivencias, y reunirse juntos a decir paridas, como cuando teníamos catorce años y nos íbamos de convivencia a tocar la guitarra.

Pero, comprendiendo todo eso, la verdad es que no me explico cómo estamos aceptando barco como animal marítimo. No me explico cómo nos estamos dejando invadir por tango anglicismo huero que, lejos de fomentar auténticos valores, esconden todo aquello que nos repugnaba cuando éramos pequeños: el flojo, el caradura, el que se aprovecha del trabajo del otro, el que nunca hace nada, pero siempre está disponible para un café, el que se escuda en el trabajo en equipo para rehuir la ocupación individual. No comprendo cómo se puede decir que el conocimiento no es importante, si la creatividad no es otra cosa que la capacidad de conectar conocimientos diferentes para inventar cosas nuevas.

Ignoro cómo será la realidad laboral dentro de quince años, y desde luego no niego la importancia de la creatividad y del trabajo en equipo, pero no me cabe duda de que el mundo profesional que yo vivo a diario hoy se parece muy poco a ese planeta guay y fantasioso de de los predicadores de las “softs skills”. La realidad que yo veo es la de empresas necesitada de gente que se instruya, y se forme, pero no en liderazgo, ni en motivación, ni en vacuidades varias, sino en su ámbito de especialización, empresas que suspiran por profesionales que lean y que piensen, que hagan lo que les guste hacer y que lo hagan muy bien, y que se sientan razonablemente satisfechos y motivados por ello, con ese tipo de creatividad que nace de la sabiduría y con un sentido de la responsabilidad individual tan grande que la colectiva resulte una derivación de aquella.

Las empresas demandan en efecto profesionales con actitud, además de conocimiento, pero la actitud sólo emana de la responsabilidad individual, y lo demás son patrañas para gente desocupada.


Mi zona de confort

Ivanhoe, Don Quijote, La Odisea, Los Miserables, Madame Bovary, el arsenal de libros de aquella colección Orbis que me regaló mi padre, y de aquella otra de Salvat, y que me leí cuando era joven, el sofá donde leía tumbado y el de las siestas de los viernes por la tarde, el periodista Manuel Hidalgo conduciendo un programa que hoy sería imposible, o quizá no, quién sabe, las series del sábado tarde, MacGyver, Luz de Luna, Se ha escrito un crimen, las disputas con mi hermano Pedro por el mejor sitio, ¡me pido el sillón bueno!, el teléfono que suena, ¡me pido no cogerlo!, mi familia reunida para ver Autopista hacia el cielo, la tapita del domingo a mediodía con mi cuñado, cuando aún era aspirante a cuñado y me llamaba Miguelata, las latas de sardinas y de atún, los picos y el queso muy viejo que se rompía al cortarlo, ummm, un vino muy dulce que se llamaba Picoplata, mi madre advirtiendo que se nos iba a quitar el hambre, y tratando de que no me durmiera tan temprano, y yo dormido en el sofá a las seis de la tarde, y levantándome a las seis de la mañana porque ya llevaba doce horas de sueño, y mi hermana Inma despierta, estudiando, yo jugando a su lado, y ella estudiando anatomía conmigo, entonces estaba canijo, ella examinándome los huesos, y sacándome del baño, yo temblando de frío, y de miedo en mi primer día en el San Francisco de Paula, con seis años, sin pasar previamente por la guardería, papá, soy el último de la clase, don Luis Rey restándole importancia, qué quieres que sepa con esa edad, tiene toda la vida para aprender, y mi padre infundiéndome confianza, con su inquebrantable optimismo, eres el último pero te pondrás el primero, la admiración y el deseo de seguir a los que eran mejores que yo, que nunca me ha abandonado desde entonces, los profesores que me dejaron humanamente una huella mayor, don Miguel, don Joaquín, don Gabriel, don Juan Francisco, doña María Estela, doña Maribel, y por encima de todos, el propio don Luis, y luego los tres curas rojos, los que más me influyeron intelectualmente, Garrido Luceño, Liencres, García Vázquez, y mis amigos de aquellos años, los del Bachillerato, Cárdenas, Manzanares, Pavón, Rojano, Ros, y los que me acompañaron desde pequeño, Montero, Barrero, Caballero, Cano, Matoso, Gandullo, Candelera, Tovaruela, Urbano y sobre todo Isidoro, el único nombre propio entre un montón de apellidos completamente familiares aún al cabo de los años, 25 desde que salimos allí, los nombres y sobre todo los rasgos de carácter, la impronta franciscana, el espíritu crítico, el respeto a los que no piensan como tú, la admiración por el conocimiento y la buena argumentación, el gusto por la confrontación dialéctica (y por los zascas como los llamaría ahora mi hijo), el gozo por la diferencia mucho más que su mera aceptación, la ironía y cierto relativismo, todo ello filtrado luego por una literatura que me puso de parte de los perdedores, de los personajes complejos, atormentados e incorruptibles, de los tipos duros y muy hombres de la novela negra, desde Sam Spade (Hammett) hasta Quirke (Benjamin Black), y de las mujeres también duras y muy mujeres, inteligentes y seductoras, Humphrey Bogart y Lauren Bacall como síntesis, el cine en blanco y negro, la frase exacta en los labios, esa que afanosamente busco en cada conversación de wasap que se pone interesante y en algunos mails con algunos clientes, esa que casi nunca me viene cuando hablo y un poco más cuando escribo, el diálogo convertido en un ejercicio de esgrima intelectual, como en Oscar Wilde, como en Shakespeare, y yo intentándolo con una niña que me gusta, que me gusta mucho, y que ahora me gusta más, he quedado con ella en la calle Alfonso XII y al cabo de treinta minutos de esgrima se rinde y dice vale, y a partir de ese momento, la predilección por el río y por el Parque y por las callejones más oscuros del centro, la biología impaciente, el erasmus que menos mal que no le dieron, yo consolándola estallando de felicidad por dentro, la carrera que se me hizo eterna al principio y que luego se acabó en un suspiro, Monago, Lastra, Colón, Nacho González, las oposiciones que no llegué a prepararme, Antonio de la Torre mandándome al cuerno por pensar en dejar el periodismo, un encuentro casual con Pepe Álvarez en la facultad, y al día siguiente una llamada de su amigo Rubiales, y desde entonces Euromedia, una producción que echo a perder por desconocimiento e inexperiencia, y mi primer gran contrato, El Monte, Paco Pérez, y, al cabo de los años, su hijo Pérez Valencia y nuestra Universidad Emocional, un montón de clientes y un montón de gente extraordinaria, mis socios y compañeros, el Tusquest de Dani, y, sin ser consciente, el trabajo para el que me había estado preparando desde que era pequeño, con los libros que leí en los veranos de adolescente, y con los que luego seguí leyendo cuando me hice adulto, Rojo y Negro, Conversación en la Catedral, La Consagración de la Primavera, Habana para un Infante Difunto, y otros novelones que nunca lograré escribir, con el nuevo periodismo de Tom Wolfe y Gay Talesse, con las columnas de opinión que devoraba a diario, Umbral, Ignacio Camacho, Raúl del Pozo, Ferrand, con el costumbrismo de Larra, y con las clases de Historia y Filosofía Política de Alfonso Braojos, con los textos leídos de Platón, Maquiavelo, Locke, Rousseau, y el feliz descubrimiento de Habermas preparando las clases de Opinión Pública el último verano, qué forma de razonar y desarrollar la argumentación, de conseguir que cada idea sea la consecuencia natural de la anterior, y que todo forme parte de un discurso único y completamente redondo que progresa desde la primera línea hasta la última, abriendo nuevas perspectivas al lector, descubriendo territorios antes inexplorados, argumentar, rebatir, cuestionar, persuadir, informar, editorializar, a veces seducir, en eso consiste lo que me gusta hacer, y también mi trabajo, la poderosa seducción de la pantalla en blanco, la creatividad, la pasión, la originalidad, que viene de origen, la fórmula de la exitocina, que tu ocio sea tu negocio, los ratos disfrutados juntos a Paco Ortiz escribiendo el libro de su vida, la pluma regalada por Fernando y Mari Paz cuando lo presenté, las noches de vino y conversación pasadas con ellos, y con otros tantos amigos de la madurez, el padel y las deshoras en el Rincón de Juan con O'Connor y Contreras, los paseos de los sábados hasta el centro para ir a desayunar, las calles de mi geografía emocional, Abades, Bamberg, Guzmán el Bueno, Segovias, Mármoles, Argote de Molina, Corral del Rey, Estrella, Manuel Rojas Marcos, Pajaritos, mis abuelos y todos los que me precedieron, mi padre que está en lo más Alto de mi memoria, mi madre y todos mis hermanos, Milagritos, Inma, Pedro y Fran, mi primo Jesús, que fue como mi hermano pequeño, su madre, que es mi tía Paula, mi hijo mayor que se llama también Jesús, y Miguel, el pequeño, con el que pierdo el pie, mis días sólo para Manuela, y de Manuela solo para mí, las ciudades de fin de año, los días de verano en Lisboa, las noches estrelladas en una terraza de Isla Cristina, los sueños cumplidos y por cumplir, y los que nunca se cumplirán, el placer de contarlos, y de escribir este blog, el placer de buscar el placer en todo, y sobre todo en lo cotidiano, como el detective de Twin Peaks a punto de tomarse un dónut para desayunar, el café muy amargo y muy caliente, una tostada con el queso fundido, una botella de vino, la primera copa y la última, la ducha tras levantarse, y la de antes de salir a cenar, esas son mis coordenadas, el territorio del que vengo y donde estoy, y no quiero abandonarlo, sino extenderlo, y sobre todo habitarlo, intensamente, mi zona de confort, ayer, ahora y siempre, hasta que la muerte nos separe, amén.


Somos la izquierda

Artículo publicado en ABC el domingo 2 de julio de 2017

La historia política de finales del siglo XX y comienzos del siglo XXI está muy influida por el marketing. Numerosos intelectuales -y Habermas con suprema brillantez- han descrito cómo la política se ha convertido en un ejercicio de mercadotecnia, regido por las mismas reglas y técnicas de la colocación de productos comerciales. La investigación de mercado, el uso de la publicidad y las relaciones públicas, la identidad de marca, las campañas y, últimamente, hasta el storytelling y la viralización de contenidos vía redes sociales tienen hoy tanto peso en la vida política como los propios debates parlamentarios.

En los últimos años, el marketing -y en general, el mundo de la comunicación- está virando de forma muy acusada hacia las emociones. La publicidad siempre ha buscado traspasar el territorio racional para llegar a los resortes emocionales de la conducta. Eso no es ninguna novedad. Pero, si antes lo hacía de una forma más o menos velada, ahora lo hace abiertamente, arropada por un discurso social exaltador y legitimador de los sentimientos. Si antes lo que estaba bien visto socialmente era “actuar con cabeza”, “pensártelo bien”, hoy lo que se promueve es “dejarse llevar”, hacer “lo que te dicte el corazón”.

En ese nuevo discurso dominante, todo lo racional es presentado como parte de un territorio “gris”, “aburrido”, “reprimido”, frente al cual se antepone el territorio “auténtico”, “divertido”, “nómada” y “abierto” de las emociones. Y desde esa legitimación social de lo emocional, la nueva mercadotecnia se afana expresamente en promover nuestro lado “salvaje e instintivo”, presentándolo como “lo mejor que llevamos dentro” e instándonos a querer a los productos y a las marcas como a las personas y a basar nuestras decisiones en los mismos patrones que rigen las relaciones humanas, olvidándonos de las razones en beneficio de los sentimientos.

Si ese discurso exaltador de lo emocional se ciñera al ámbito del consumo, a la esfera privada de las decisiones de compra, este debate que estoy presentando correspondería al de un foro profesional o especializado, y no nos concerniría especialmente como ciudadanos. Si el consumidor prefiere comprar un ordenador no por sus características técnicas y su relación con el precio, sino por los sentimientos que le inspira, nada puede reprochársele. Sólo cabe desearle que disfrute mucho con su experiencia de usuario.

En el marketing actual, la propuesta única de venta (racional) está siendo reemplazada por la experiencia única de venta (emocional). Y esta transformación está llegando también a la vida política actual, fuertemente influida por la mercadotecnia.

El problema (porque en efecto lo es) es que esta forma de consumir/elegir se está trasladando al ámbito político. La historia reciente nos demuestra que todo lo que empieza en el marketing acaba en la política, y hay signos más que evidentes de que la toma de decisiones basada en emociones está empezando a adquirir prestigio en la vida pública. Nuevamente, hay que subrayar que la utilización de las emociones no es nueva en política, de hecho es al menos tan antigua como el hombre y en ella se fundamentaron los totalitarismos europeos del pasado siglo, pero el riesgo que se nos presenta ahora, dentro de las propias democracias occidentales, es el del encumbramiento sin tapujos de las emociones como desiderátum de la forma de hacer política y de decidir en política, en detrimento de la vieja racionalidad que inspiró la Ilustración y los ideales de las revoluciones liberales.

En la escena política nacional tenemos ejemplos bien elocuentes. Si la exaltación emocional alumbró el nacimiento de Podemos, no menos significativo resulta que el nuevo PSOE de Pedro Sánchez fundamente todas sus esperanzas de resurgimiento en el concepto (es un decir) de “somos la izquierda”. Una apelación emocional detrás de la cual no hay absolutamente nada, salvo el rechazo instintivo y visceral a la derecha, es decir, al PP, el cual no se apoya en ninguna razón intelectual de peso, sino en un sentimiento tan profundamente irracional, o quizás más, como el que inspira el nacionalismo de Mas y Puigdemont. Unos se sienten catalanes y otros de izquierdas, y no hay más que hablar, porque con los sentimientos no hay discusión posible. El PSOE se define en contraste con el PP, del mismo modo que el nacionalismo catalán lo hace en oposición a España. Bajo esa carcasa emocional, el vacío intelectual, la ausencia de razones, la nada ideológica.

Las emociones no son debatibles ni compatibles con el interés general, porque son individuales e intransferibles. Las razones, en cambio, se pueden replicar, pueden vencer o salir derrotadas, y su territorio natural es el del debate. Por eso, la política debería ser discusión racional basada en argumentos lógicos, no un territorio de exaltación emocional.

La política en democracia debería ser justo lo contrario: discusión racional basada en argumentos lógicos para dirimir las mejores decisiones. Las emociones no son debatibles ni compatibles con el interés general, porque son individuales e intransferibles. Las razones, en cambio, se pueden replicar, pueden vencer o salir derrotadas, y su territorio natural es el del debate.

Que las decisiones de consumo se fundamenten en emociones acaso solo refleje que estamos en una sociedad tan desarrollada como inmadura y frívola, ansiosa de experiencias y gamificación. Que basemos los argumentos y las decisiones políticas electorales en emociones sólo puede conducirnos a la extinción de los valores políticos de la cultura occidental.


Nadie lee

Nadie  lee. Lo vengo escuchando desde que empecé en esto. Y ahora más que nunca. Nadie lee. Y junto a la advertencia, una reconvención habitual. Demasiado texto. A veces, una premonición. Una amenaza. Estás/estáis muerto/s. Vuestras ideas son cadavéricas. Grecia, el Humanismo, la Ilustración. La razón. Los periódicos de papel. Los clubes, los salones, las tertulias. El público lector. A quién se le ocurre. Te lo he  dicho. Nadie lee. Haz un resumen ejecutivo (sic). Introduce imágenes. Que la presentación se meta por los ojos. Nadie lee. Si acaso un tuit. Y ni eso. Si escribes un texto, que sea un eslogan.

Nadie lee, mira que me lo han dicho veces. Tus clientes no leen, sus altos directivos no leen, los clientes de tus clientes no leen, y tampoco leen sus proveedores de servicios, ni las entidades financieras que les prestan dinero, ni las asociaciones con las que se relacionan. Los políticos por supuesto tampoco leen, si acaso resúmenes ejecutivos (sic, otra vez), y normalmente no los leen, sino que se los cuentan. Nadie lee, así que no es importante que tengas gente que escriba bien, que sea precisa en el lenguaje, que sea capaz de desarrollar argumentos complejos… La era del pensamiento simple requiere un nuevo perfil de comunicador. Otras capacidades. ¿Cuáles? Digitales, ya sabes.

Nadie lee, eso a estas alturas ya es seguro, piensa en los youtubers, mírate en el espejo de los influencers, y observa lo que comparten: vídeos, fotos, GIFs, gráficos, ilustraciones… Una buena dosis de motivación y varios signos de admiración al final de palabra. Vamos!!! Puedes!!! Y los hashtags inevitables. #Happyness. #Life. #Exciting. #Amazing. La vida es emotion y tus ejecutivos necesitan nuevas skills, sin duda. Sería mejor que no fueran periodistas. Sobre todo si son de esos periodistas que todavía escriben o escribieron en los periódicos. Nadie lee, no necesitas gente que lea periódicos, ni ensayos, ni literatura, necesitas savia nueva.

Nadie lee, eso está claro, pero cuando un cliente te contrata, no por esos tochos infumables que son tus propuestas, sino porque alguien te prescribe, que es recomendarte más ejecutivamente, como los resúmenes, suele ocurrir que buscan la notoriedad y el prestigio que otorgan los medios de comunicación, y a los medios se llega con informaciones bien escritas, informaciones con datos interesantes y argumentaciones novedosas, que habitualmente son capaces de redactar los periodistas cínicos que se cuestionan cosas, que no han perdido el colmillo, que escribieron o podrían escribir en los periódicos, y que leen diariamente noticias y artículos de opinión y disfrutan con un buen libro entre las manos casi tanto como con un buen polvo.

Nadie lee, por supuesto, pero suele ocurrir que algunos clientes contratan Relaciones Públicas para desarrollar estrategias de acercamiento a las administraciones públicas, a los decisores, como se dice ahora, y resulta que las conversaciones telefónicas no son suficientes, y menos un tuit, y cualquier aproximación exige un montón de comunicaciones escritas, que no pueden resolverse a base de ilustraciones y fotos, sino de algo tan vetusto como las palabras, los párrafos bien encadenados, una idea que te conduce a la siguiente, una argumentación que progresa, y finalmente una conclusión, una petición, una propuesta, que cae casi de forma aplastante, por su propio peso, el peso de todo el razonamiento expuesto desde la primera línea hasta la última.

Nadie lee, a dónde vas con este artículo tan largo si no lo va a leer nadie, y sin embargo cada vez hay más organizaciones que pretenden mantener con sus públicos relaciones vivas y posicionarse no sólo comercialmente sino también intelectualmente como referentes de conocimiento dentro de su sector de actividad. Empresas, asociaciones empresariales, fundaciones, colegios profesionales, sociedades científicas, centros tecnológicos que aspiran a tener una voz reconocible, a aportar conocimiento e información de valor relacionada con su especialización, y que para ello ponen en funcionamiento sus propios medios de comunicación, que se nutren de artículos, y de noticias, y de entrevistas, repletas nuevamente de palabras, de ideas, de argumentación.

Nadie lee, eso es evidente, pero los clientes que contratan agencias como la nuestra, leen con lupa todo lo que les afecta, y, bueno…, cómo leen los textos que escribimos para ellos, después de todo es lógico, porque lo que estás escribiendo tú, lo están firmando ellos, y si ellos son nefrólogos, esperas que escribas (casi) con el conocimiento y la precisión de un nefrólogo, y más vale que apenas deban tocarte el texto porque entonces no les sirves, y desde luego no les abrumes pidiéndoles documentación, porque la documentación está ahí, recuerda, la era digital, todo está a un clic, así que búscalo y encuéntralo, y entiéndelo, habitualmente será complejo, pero ese es tu trabajo, entender cosas complejas, y hacer de ellas textos sencillos, no textos confusos repletos de simplezas, sino al revés, textos como a tu cliente le gustaría escribir, con el estilo de un comunicador pero con la precisión quirúrgica de un experto, tu trabajo es pensar lo que piensa tu cliente antes de que lo piense, y que te diga que parece que le lees el pensamiento. Nadie lee, indudablemente, salvo cuando un cliente escudriña el texto que va a asumir como propio. 

Nadie lee, ya me lo has dicho, y por eso cuando contratas un nuevo ejecutivo con altas capacidades digitales, y sin experiencia periodística de ningún tipo, con solvencia acreditada para multiplicar los me gusta de una marca de zapatillas deportivas, y le confías una cuenta de estas que nos entran a los relaciones públicas, con interlocutores que son ingenieros de camino y aeronáuticos, y abogados, y farmacéuticos, y médicos, que por supuesto nunca han leído, porque les han regalado sus títulos, resulta que, como te descuides lo más mínimo, pone una información en redes o escribe un mail que no tiene ni pies ni cabeza, y hace una llamada que te pone los pelos de punta, porque el contenido de ese correo o de esa conversación no representa bien los intereses del cliente y porque se parece a lo que quiere decir, pero sólo se parece, y no es lo que quiere decir, y a veces es incluso lo contrario, o es un disparate, y entonces ya tienes montado el lío, sí, esa gente que nunca lee, salvo, qué mala suerte, lo que tu consultor ha escrito, está en cólera, las alertas se han disparado, la confianza se ha quebrado, la reputación de tu cliente está por los suelos porque la gente que nunca lee ha leído y lo están poniendo a caer de un burro, cómo hemos podido decir algo semejante.

Nadie lee, es obvio, y lo importante es hacer vídeos que viralicen, pero si eres incapaz de concebir conceptualmente ese vídeo, y de materializar ese concepto en una secuencia de imágenes que represente lo que tu cliente quiere decir, en unos rótulos que respondan exactamente a la información que tu cliente quiera transmitir, y en una locución que haga lo mismo, entonces puedes meterte el vídeo por donde no luce el sol.

Nadie lee, hay que admitirlo, pero somos lo que pensamos, leemos y escribimos, y a las marcas les pasa lo mismo, que son lo que escriben y lo que cuentan, y, por eso, cuando saben lo que hacen, a pesar de que nadie lee, contratan a consultores que piensan mucho, porque leen y escriben mucho.

Nadie lee, eso es tal cual, pero nunca han sido más necesarios los profesionales leídos.


La mayoría silenciosa

Artículo publicado el domingo 14 de mayo en ABC

Conocida por su teoría de "la espiral del silencio", la profesora Noelle Neuman describió con lucidez que los cambios en los climas de opinión se producen cuando las mayorías se vuelven "silenciosas" y ceden su espacio a minorías resueltas a manifestar sus ideas hasta convertirlas en predominantes. Si pensamos en cuestiones como la homosexualidad, los modelos de familia o los roles de género, en las que se ha producido en nuestro país un giro de opinión muy acusado, comprenderemos hasta qué punto se cumplen las premisas de esta politóloga alemana acerca de cómo suceden los cambios en la Opinión Pública. Hace tres décadas, casi nadie se atrevía a hablar públicamente a favor de los homosexuales. Hoy, lo difícil, afortunadamente, es defender ideas homófobas: cualquiera que lo haga en un entorno abierto se expone a ser arrasado por un tsunami de reprobaciones.

Uno de los grandes méritos de la investigación de Noelle Neuman fue, por tanto, mostrar cómo las opiniones se vuelven mayoritarias cuando logran hacerse visibles y ruidosas. El miedo a expresar públicamente una opinión es, en este sentido, el indicador más claro de su aprobación o rechazo social. Y este miedo hace que esa opinión sea cada vez más minoritaria, abocándola finalmente a una “espiral de silencio”. En cambio, las ideas que se expresan públicamente sin ningún rubor son las que se vuelven cada vez más fuertes y prevalentes. La politóloga alemana también explicó que “en el curso normal de los acontecimientos hace falta un tiempo muy largo para que los individuos independientes de una masa dispersa acepten una nueva idea, pero si se consigue organizar a los individuos en una masa concreta que favorezca la nueva idea, el proceso de cambio valorativo se acelerará, porque la masa demuestra que la idea puede apoyarse en público sin riesgo de aislamiento”.

Básicamente, esto es lo que ocurre en todos los procesos revolucionarios. Desde la Toma de la Bastilla hasta la Cuba de Fidel Castro, pasando por la Alemania nazi de Goebbels, la historia ha demostrado que la difusión de nuevas ideas se acelera de forma exponencial cuando una masa abstracta o latente se convierte en una masa concreta. “Las masas latentes y las masas concretas siguen leyes diferentes. En el primer caso se componen de personas con miedo al aislamiento. En el segundo carecen de ese temor. La sensación de reciprocidad es tan penetrante en la masa concreta que los individuos ya no necesitan asegurarse de cómo tienen que hablar o que actuar. Es una unión tan densa que son posibles incluso cambios dramáticos”, explica Noelle Neuman. Los investigadores sociales también conocen que las masas concretas que impulsan los movimientos revolucionarios surgen cuando se amplía la distancia entre lo que la gente piensa sobre cómo es la situación política y sobre cómo debe ser: a mayor distancia, mayor posibilidad de cambios drásticos en la Opinión Pública.

El futuro de la situación política en España (y en general en toda Europa) depende en buena medida de estas variables que vengo comentando: la distancia entre el “ser” y el “deber ser” de la situación política en la percepción social de la población; el impulso que las ideas minoritarias puedan recibir de masas concretas dispuestas a cambios drásticos; y las dificultades que encuentren las mayorías para expresar públicamente sus ideas. Si siguen aflorando nuevos casos de corrupción, aun cuando la situación económica esté mejorando ligeramente, la gente pensará que el estado de las cosas es muy diferente a como debería ser y esa distancia alimentará a los partidos que basan toda su estrategia electoral en la expresión del descontento de la calle. Al mismo tiempo, las mayorías moderadas tendrán cada vez más dificultades para expresar sus ideas, y más razones para permanecer silenciosas, lo que acabará debilitando sus opiniones y volviéndolas minoritarias.

Dicho de otra forma, las posibilidades de éxito de los partidos extremistas serán directamente proporcionales a su capacidad de convertir el descontento latente en manifestaciones de protesta en la calle, así como al bochorno que los votantes moderados sientan al reconocer que lo son. En nuestro país, Podemos lo ha comprendido perfectamente y, frente a la alternativa institucional propuesta por Errejón, se ha decantado abiertamente por la vía de las trincheras defendida por Iglesias, que ya prepara un mayo caliente de movilizaciones contra la corrupción política. Sin embargo, Rajoy parece no darse cuenta de que la mayoría que soporta su Gobierno es cada vez más silenciosa (además de vieja demográficamente), y que se siente cada vez más arrinconada y más avergonzada de votar al PP o a cualquier otro partido que deje gobernarlo.

Mientras la minoría extremista se dispone a rugir en la calle, haciéndose cada vez más ruidosa, visible y fuerte, la pasividad de Rajoy con la corrupción está abocando a la España templada a una verdadera espiral del silencio. La mayoría, cada vez más envejecida y muda, corre el riesgo de volverse minoritaria.


Alianza contra las Hepatitis Víricas

La Alianza contra las Hepatitis Víricas ha confiado en Euromedia la gestión de su estrategia de comunicación y asuntos públicos. Una nueva experiencia que Euromedia suma a su historia en el campo de la salud, uno en los que reúne mayor especialización. La Alianza contra las Hepatitis Víricas es una iniciativa de diferentes asociaciones y sociedades científicas para informar y concienciar de la necesidad de acometer la detección precoz de las hepatitis víricas e implantar programas de cribado y planes para la eliminación de estas enfermedades.


Gestión Social Media de Andalucía como destino turístico

Desde julio del pasado año, Euromedia Comunicación es la empresa responsable de la gestión integral de la marca turística 'Andalucía' en redes sociales, que depende de la Empresa Pública para la Gestión del Turismo y del Deporte de Andalucía (Consejería de Turismo y Deporte de la Junta de Andalucía). Se trata, por alcance y densidad de ecosistema digital, de una de las principales marcas nacionales de destino turístico, con implicaciones no sólo en el mercado nacional sino también en el mercado angloparlante y en Alemania, Italia y Francia, considerados los principales mercados estrategicos para Andalucía.

 

Las conclusiones fueron muy positivas para la marca Andalucía, destacando como uno de los destinos turísticos con mejor reputación online. No obstante, dicha auditoría permitió también establecer algunas interesantes líneas de mejora, en las que ha venido trabajando Euromedia Comunicación hasta la fecha.

 

La gestión Social Media de este proyecto implicó una primera fase de auditoría y diagnóstico de situación, con un estudio de benchmarking en el que se analizó la comunicación digital de los principales destinos turísticos españoles y también algunos extranjeros considerados competencia. Las conclusiones fueron muy positivas para la marca Andalucía, destacando como uno de los destinos turísticos con mejor reputación online. No obstante, dicha auditoría permitió también establecer algunas interesantes líneas de mejora, en las que ha venido trabajando Euromedia Comunicación hasta la fecha.

El proyecto incorpora a communities responsables de la dinamización y la conversación en los distintos mercados internacionales comentados, así como una unidad específica responsable de la monitorización de la actividad. Todo ello coordinado a través de la dirección del Área Social Media de Euromedia Comunicación.

 

manejando cifras hasta enero de 2017, sólo en dicho mes se obtuvo un 30% de la interacción total lograda en todo 2016 en Twitter; y un 50% de las logradas en todo 2016 en Facebook Nacional en contenidos especialmente estratégicos como los referidos a ciudades.

 

La gestión desarrollada por nuestra consultora ha propiciado interesantes avances en el alcance y el nivel de engagement de las cuentas promocionales de la marca Andalucía. Así, manejando cifras hasta enero de 2017, sólo en dicho mes se obtuvo un 30% de la interacción total lograda en todo 2016 en Twitter; y un 50% de las logradas en todo 2016 en Facebook Nacional en contenidos especialmente estratégicos como los referidos a ciudades. Especialmente llamativo es el crecimiento de interacciones en Instagram, donde solo en enero de 2017 se han alcanzado prácticamente el 50% de todas las interacciones de 2016.

La estrategia de Euromedia Comunicación para potenciar el engagement y la interacción en las cuentas de la marca turística “Andalucía” pasan fundamentalmente por la potenciación de contenidos específicos para dichas redes, con un componente más visual y recurriendo a líneas creativas más frescas, que potencien la conversión del público local (andaluces residentes y no residentes) en embajadores de la marca.

La marca “Andalucía” cuenta con uno de los ecosistemas digitales de mayor volumen y alcance de todos los destinos turísticos nacionales. Cuenta con Twitter (79.700 seguidores), Facebook nacional e internacionales (98.894 fans), Instagram (22.354 seguidores) y Pinterest (2.283 seguidores).


Gobernar para la calle

Este artículo fue publicado en ABC en abril de 2017

Numerosos politólogos y pensadores han arremetido en los últimos años contra el uso cada vez más frecuente de la demoscopia en la vida política y en general contra una forma de hacer política basada en el pulso constante de los estados de opinión. Incluso se ha acuñado el concepto de sondeocracia para referirse a este tipo de democracia tiranizada por los sondeos, en el que decisiones más críticas son lanzadas como globos sonda para contrastar antes su grado de aceptación social.

Lógicamente el concepto de sondeocracia es un concepto peyorativo, que esgrimen quienes protestan de la deriva marketiniana de la vida política y de la asimilación del proceso de configuración de las decisiones públicas al del lanzamiento de nuevos productos comerciales. La política, dicen estos autores, ya no se ejerce para beneficiar a la población, sino únicamente para contentarla. Las acciones de gobierno no son buenas o malas por el valor social que aportan, sino por el aplauso social que concitan.

Aunque puede parecer una objeción muy reciente al funcionamiento de las actuales democracias occidentales, la realidad es que esta crítica ya la encontramos en la reprobación de Platón a los sofistas. El gran filósofo griego arremetía contra una forma de hacer política que, lejos de buscar el bien común y hacer pedagogía con la verdad, se dedicaba simplemente a estudiar lo que el vulgo quería oír, para luego dárselo en forma de decisiones, argumentos y discursos complacientes.

Pues bien, justo eso es lo que está pasando hoy, y lo que está conduciendo a un debate político y una gestión gubernamental e iniciativa legislativa cada vez más plana, en la que las decisiones más estructurales y necesarias quedan aparcadas por el rechazo o la baja aceptación que muestran las encuestas y otros métodos de medición de la opinión pública.

En una sondeocracia como la nuestra, difícilmente gobierno alguno se atreverá a meterle mano a una cuestión como el manifiesto sobrepeso, rayano en obesidad, de nuestro sector público. Y sin embargo el aligeramiento de la administración y la reforma de la función pública son cuestiones claves en las que, sotto voce, coinciden la gran mayoría de políticos y personas inteligentes.

¿Por qué nuestros políticos actuales carecen de la valentía suficiente para emprender las reformas que consideran necesarias? ¿Por qué sucede a veces incluso que se anuncian decisiones que luego acaban siendo rectificadas ante el miedo a una mala acogida por parte de la opinión pública?

Si los alcaldes de algunos pueblos o ciudades que tomaron la decisión de peatonalizar los cascos históricos hubieran cambiado de opinión a causa de las protestas vecinales, aún estaríamos viendo coches en la calle Larios de Málaga o en la calle Tetuán de Sevilla. Y quienes se pusieron a la cabecera de estas manifestaciones hubieran sido los más perjudicados por la rectificación de esas decisiones en su día impopulares.

Digo todo esto a propósito de la marcha atrás en las fusiones hospitalarias. Llevo años ejerciendo la consultoría en el campo de la Salud y todas las personas inteligentes con las que hablo vienen a coincidir en que es necesario un cambio estructural profundo en la Sanidad para hacerla sostenible. La población ha envejecido, tenemos muchos enfermos crónicos, y necesitamos un nuevo modelo de atención sanitaria, con mayor protagonismo de la Atención Primaria y también con otro tipo de infraestructuras hospitalarias.

Si la administración andaluza está convencida de que las fusiones hospitalarias son necesarias para ajustarse a las nuevas necesidades de la población, ¿por qué rectificar? ¿Por qué ceder a la presión de la calle y no explicar con argumentos que dos hospitales pueden ser una solución de futuro mucho peor que uno solo? ¿Por qué practicar una forma de hacer política que, como decía Platón, se dedica a aprender de los “instintos y humores” de la población para luego satisfacer esas tendencias y apetitos, ignorando lo que “de bueno o de malo, de justo o injusto” hay en ello, y considerando “bueno solo a aquello que hace gozar y malo a aquello que molesta”.

La equivalencia entre decisiones populares y correctas es una falsa premisa de la política actual. Necesitamos gobernantes de altura que se eleven por encima de las encuestas y la presión popular y gobiernen para el pueblo, que no es lo mismo que gobernar para la calle.


Emotividad viral

Artículo publicado en Abc de Sevilla el pasado 17 de marzo de 2017

Hace poco se ha hecho viral el vídeo de un profesor que tiene un saludo personalizado para sus alumnos. Se trata de un maestro de una escuela de Carolina del Norte, en el sur de los Estados Unidos. Como puede ver en este enlace, el vídeo muestra a ese profesor recibiendo uno a uno a los estudiantes antes de entrar en clase. Cada saludo es casi una coreografía en la que profesor y alumno emplean unos cinco segundos. Si no lo han visto, les aconsejo que lo hagan, porque es muy simpático. Como decía, el vídeo ha adquirido una gran difusión, y a ello han contribuido diferentes medios digitales que lo han hecho público con exuberantes titulares. Los más prudentes han tildado al profesor de “único” o “motivador”. Los más excesivos lo han calificado de “increíble” o directamente le han atribuido la cualidad de ser el “mejor profesor del mundo”.

El sentimiento casi unánime de admiración que ha provocado en algunos medios y en las redes sociales el saludo personalizado de este profesor a sus alumnos (hasta el punto, insisto, de ser valorado como “el mejor profesor del mundo”) me ha hecho pensar hasta qué punto vivimos en una cultura dominada por lo visual, en la que sacamos conclusiones rotundas a partir de meras imágenes. No sólo hemos asumido que una imagen vale más que mil palabras, sino que hemos llegado al convencimiento de que las imágenes hablan por sí solas. Más aún, las hemos convertido en la prueba definitiva de la verdad.

Probablemente el periodista que tituló “el mejor profesor del mundo” sólo buscaba links para su noticia, pero estoy convencido de que la gente que en las redes sociales piropeó de todas las maneras imaginables a este profesor, lo hizo con entusiasmo sincero, convencida de que las imágenes eran suficientemente elocuentes como para concluir que mostraban a un docente “increíble” y “excepcional”, quizás el mejor del mundo. En el pensamiento de las personas que así lo afirmaban, las imágenes permitían dictar esa sentencia o, más allá incluso, dictaban esa sentencia por sí mismas. Algún comentario que pude leer en Facebook se lamentaba incluso de que no hubiera profesores así en Andalucía y a otro usuario las imágenes le llevaban a inferir que esa escuela debía de pertenecer al “primer mundo” de la educación, mientras nosotros estamos “a años luz”.

Y, sin embargo, la realidad es que nada de eso podía concluirse realmente de esas imágenes. Yendo un poquito lejos, del vídeo podía desprenderse una gran conexión emocional de los alumnos con su profesor. Es una deducción un poco aventurada, pero vamos a darla por buena, y vamos a creer que el saludo se repite así día a día, también cuando no hay una cámara o un móvil grabando la escena. Yo, que soy crédulo, me lo creo. Ahora bien, ese vídeo no revela nada de lo que sucede dentro de la clase, y aunque lo enseñara en la forma en la que un vídeo puede “mostrarnos” algo, es decir, de una forma meramente visual, de su contenido no podríamos colegir nada sobre las auténticas capacidades de ese profesor.

Quiero decir que a través del vídeo hecho viral no podemos saber si ese profesor ha hecho pensar críticamente a sus alumnos, si les ha enseñado a escribir o a calcular mejor. No sabemos si los ha hecho más reflexivos, indagadores y creativos, ni siquiera sabemos si logra motivarlos también dentro de la clase. En suma, por las imágenes compartidas a través de la red sabemos realmente muy poco sobre las competencias del profesor y sobre la evolución en el aprendizaje que han experimentado sus alumnos.

Siempre he pensado que una de las carencias tradicionales de nuestra educación ha sido la inteligencia emocional. Ni a los alumnos de nuestra generación nos ayudaron a desarrollarla, ni muchos de los docentes que nos enseñaron se interesaron por cultivarla en beneficio de la conexión con sus alumnos. Mi admirado Paco Pérez Valencia, que escribe habitualmente en esta tribuna, lo primero que hace antes de dar cualquier clase o curso, aunque sea de un día de duración, es memorizar los rostros y los nombres de cada uno de sus alumnos y recopilar toda la información personal posible sobre ellos. De modo que, en el momento de conocer a sus alumnos, él ya los llama por sus nombres y tiene algunos detalles sobre sus vidas. Me parece fantástico, y verdaderamente creo que la conexión emocional entre el docente y el alumno es clave en el proceso de aprendizaje.

Dicho lo cual, estimo sin embargo que estamos pasando de una cultura social que ignoraba las emociones a otra que las maximiza completamente, convirtiendo en “bien absoluto” todo aquello que, envuelto en el celofán de las imágenes, nos seduce o conmueve, sin mediar un análisis racional y discursivo previo. Y cuidado con eso, porque el binomio imagen-emoción es una verdadera amenaza a las genuinas señas de identidad de la sociedad occidental, un material explosivo que puede dinamitar el gran edificio cultural, político y científico levantado desde La Enciclopedia, basado en la razón y en el escrutinio lógico de los asuntos de interés común.

Si nos guiamos exclusivamente por la emoción, y concedemos a las imágenes la prueba de la verdad, podemos llegar a conclusiones muy exageradas y también muy erróneas. No sé si el profesor del video viral es el mejor del mundo, sólo sé que las imágenes no me dan ninguna información de valor sobre ello. Había una vieja máxima del periodismo amarillista que decía “no dejes que la realidad te estropee una buena noticia”. En el contexto de las historias virales y las redes sociales, hoy esa máxima podría ser actualizada de la siguiente forma: “no dejes que la verdad te estropee un video conmovedor”. Haríamos bien en activar nuestras alarmas frente a tanta emoción cocinada para ser viral.