Artículo publicado el domingo 14 de mayo en ABC

Conocida por su teoría de “la espiral del silencio”, la profesora Noelle Neuman describió con lucidez que los cambios en los climas de opinión se producen cuando las mayorías se vuelven “silenciosas” y ceden su espacio a minorías resueltas a manifestar sus ideas hasta convertirlas en predominantes. Si pensamos en cuestiones como la homosexualidad, los modelos de familia o los roles de género, en las que se ha producido en nuestro país un giro de opinión muy acusado, comprenderemos hasta qué punto se cumplen las premisas de esta politóloga alemana acerca de cómo suceden los cambios en la Opinión Pública. Hace tres décadas, casi nadie se atrevía a hablar públicamente a favor de los homosexuales. Hoy, lo difícil, afortunadamente, es defender ideas homófobas: cualquiera que lo haga en un entorno abierto se expone a ser arrasado por un tsunami de reprobaciones.

Uno de los grandes méritos de la investigación de Noelle Neuman fue, por tanto, mostrar cómo las opiniones se vuelven mayoritarias cuando logran hacerse visibles y ruidosas. El miedo a expresar públicamente una opinión es, en este sentido, el indicador más claro de su aprobación o rechazo social. Y este miedo hace que esa opinión sea cada vez más minoritaria, abocándola finalmente a una “espiral de silencio”. En cambio, las ideas que se expresan públicamente sin ningún rubor son las que se vuelven cada vez más fuertes y prevalentes. La politóloga alemana también explicó que “en el curso normal de los acontecimientos hace falta un tiempo muy largo para que los individuos independientes de una masa dispersa acepten una nueva idea, pero si se consigue organizar a los individuos en una masa concreta que favorezca la nueva idea, el proceso de cambio valorativo se acelerará, porque la masa demuestra que la idea puede apoyarse en público sin riesgo de aislamiento”.

Básicamente, esto es lo que ocurre en todos los procesos revolucionarios. Desde la Toma de la Bastilla hasta la Cuba de Fidel Castro, pasando por la Alemania nazi de Goebbels, la historia ha demostrado que la difusión de nuevas ideas se acelera de forma exponencial cuando una masa abstracta o latente se convierte en una masa concreta. “Las masas latentes y las masas concretas siguen leyes diferentes. En el primer caso se componen de personas con miedo al aislamiento. En el segundo carecen de ese temor. La sensación de reciprocidad es tan penetrante en la masa concreta que los individuos ya no necesitan asegurarse de cómo tienen que hablar o que actuar. Es una unión tan densa que son posibles incluso cambios dramáticos”, explica Noelle Neuman. Los investigadores sociales también conocen que las masas concretas que impulsan los movimientos revolucionarios surgen cuando se amplía la distancia entre lo que la gente piensa sobre cómo es la situación política y sobre cómo debe ser: a mayor distancia, mayor posibilidad de cambios drásticos en la Opinión Pública.

El futuro de la situación política en España (y en general en toda Europa) depende en buena medida de estas variables que vengo comentando: la distancia entre el “ser” y el “deber ser” de la situación política en la percepción social de la población; el impulso que las ideas minoritarias puedan recibir de masas concretas dispuestas a cambios drásticos; y las dificultades que encuentren las mayorías para expresar públicamente sus ideas. Si siguen aflorando nuevos casos de corrupción, aun cuando la situación económica esté mejorando ligeramente, la gente pensará que el estado de las cosas es muy diferente a como debería ser y esa distancia alimentará a los partidos que basan toda su estrategia electoral en la expresión del descontento de la calle. Al mismo tiempo, las mayorías moderadas tendrán cada vez más dificultades para expresar sus ideas, y más razones para permanecer silenciosas, lo que acabará debilitando sus opiniones y volviéndolas minoritarias.

Dicho de otra forma, las posibilidades de éxito de los partidos extremistas serán directamente proporcionales a su capacidad de convertir el descontento latente en manifestaciones de protesta en la calle, así como al bochorno que los votantes moderados sientan al reconocer que lo son. En nuestro país, Podemos lo ha comprendido perfectamente y, frente a la alternativa institucional propuesta por Errejón, se ha decantado abiertamente por la vía de las trincheras defendida por Iglesias, que ya prepara un mayo caliente de movilizaciones contra la corrupción política. Sin embargo, Rajoy parece no darse cuenta de que la mayoría que soporta su Gobierno es cada vez más silenciosa (además de vieja demográficamente), y que se siente cada vez más arrinconada y más avergonzada de votar al PP o a cualquier otro partido que deje gobernarlo.

Mientras la minoría extremista se dispone a rugir en la calle, haciéndose cada vez más ruidosa, visible y fuerte, la pasividad de Rajoy con la corrupción está abocando a la España templada a una verdadera espiral del silencio. La mayoría, cada vez más envejecida y muda, corre el riesgo de volverse minoritaria.